sábado 15 de mayo de 2010

Johnny Cash

Por un antiquísimo cassette, sin caja y distorsionado por el tiempo, descubrí la inspiradora grave voz del “hombre de negro”. Aquel el de la voz ronca y dolorida, que sin querer se convirtió en del ídolo anónimo de mi madre. El hombre a quien ella me enseño a admirar sin conocerlo y a quererlo para siempre

Ese extraviado cassette que tiene marcado la palabra country en su etiqueta, con una tinta roja, que hoy debe ser amarilla, es el nimio causante de abundantes horas solitarias de placer y ensoñación. Y pensar que casi por casualidad iba a terminar en un bolsa de basura, cuando por azar también repare que lo que iba a hundirse en los desechos era un grabación de un género musical que siempre me atrajo. Ahora bien, no se por que razón especial siempre me gusto el country, sobretodo teniendo en cuenta que no es un tipo de música extendida en Perú, y que si se escucha en alguna parte en este es país, es en televisores que eventualmente trasmiten películas antiguas y norteamericanas. No creo que haya sido por mi deseo infantil de tener como oficio adulto el de ser un vaquero con botas, jeans, y pistolas en ambos lados del pantalón. Tal vez es cuestión de naturaleza intima de las personas y educación del oído. Quien sabe, fue la voz varonil del viejo Cash, registrada en alguna otra cinta marrón, quien me trasmitió la extraña afición por el norteamericano ritmo.

Sin embargo, si tomo conciencia un poco, este gusto no es muy extraño que digamos. Hubiese sido extraño si no tuviese la madre que tengo, después de todo, el cassette es de ella, y las letras sobre la cubierta también lo son. Ese“Country” borroso es obra de su mano, como si adivinara en el momento que la escribió, que es el mejor cantante de el genero, el que mejor lo compendia y lo encarna.

No es difícil comprender la sincera reverencia que existe en el mundo de la música norteamericana hacia la efigie capital de Johnny Cash. Posee un conglomerado de elementos que conjugados hacen de él un cantante extraordinario, una genuina manifestación de sensibilidad e introspección .Resulta estremecedor, por ejemplo, imaginar en lo que le pasaba por el corazón cuando recitaba con esa voz sangrante , las frases de alguna de sus canciones, que por momentos parecen susurros de un condenado por amor, de un romántico al pie del cadalso , de un sobreviviente con el cuerpo indemne y con el espíritu lisiado por el olvido. Su voz, su principal atractivo, no es solo una grave y viril, sino que encierra en ella un conjunto de vivencias y experiencias que son difíciles de entenderlas y más difícil todavía de aceptarlas. La muerte de su hermano, la relación con su padre, su padecimiento con las drogas, su renacer en June, su continuas caídas y sus subsiguientes levantadas son hechos que marcan el camino de cualquier hombre, y más aun si ese hombre es un artista como Cash, capaz de expresar nítidamente con sus palabras, el dolor que lo embarga y lo remata.

Pero no se equivoquen, Cash no es solo un cantante que navega en el océano nostálgico y melancólico de su vivencias. Es también un héroe del rock and roll, y su presencia en el Rock and Roll Hall así lo testimonia. Sin embargo yo mas lo recuerdo por sus canciones pausadas, tan suyas e incomparables. Con ese ritmo que te encandila por su sencillez, por su amabilidad, por la extraña paz cotidiana que genera, inclusive cuando desciende con él, a oscuros pozos de desolación y resignación. Es paradójico y a la vez explicable. Ese es Cash, cima del country y artífice de sus mejores momentos, imprevisible y profundamente contradictorio, incluso en lo que suscita en sus más devotos oyentes.






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